En una de las fiestas de esta semana, el precio de los tragos cambiaba con la demanda. Pedir uno podía encarecerlo, ignorarlo podía hacerlo caer. Hasta para decidir qué tomar había que mirar el mercado.
Era Blendy’s Booze Brokerage, de Blend y Zenex, y estuvo muy divertido. Pero ahora, jueves 29 de octubre, me pregunto qué parte de nuestra semana en Lisboa podremos valorar con una facilidad parecida.
Llegamos para construir sobre Stellar, escuchar ideas y encontrarnos con personas de otros países. Algunos también competimos. Durante HackMeridian hubo cansancio, presión y ayuda entre equipos, incluso cuando esos equipos querían ganar los mismos premios.
Cada uno tendrá su balance. Hay quien pondrá primero lo que consiguió construir. Otro, una oportunidad que todavía necesita trabajar. También cabe volver con alegría y con decepción, sin que una borre a la otra.
Conocer a alguien más allá de su proyecto
En mi caso, parte de la felicidad de este viaje tiene que ver con las amistades que hice con chicas de Argentina y Costa Rica. He disfrutado Lisboa gracias a ellas. Esa experiencia también forma parte de lo que puedo contar de Meridian.
Mencionarlas no alcanza para explicar quiénes son. Tampoco bastaría describir sus proyectos o enumerar sus habilidades. Hay algo de la amistad que empieza cuando esas presentaciones dejan de parecernos suficientes.
Martin Buber distingue en Yo y Tú dos maneras de relacionarnos: tratar al otro como algo que podemos describir y usar, o dirigirnos a él sin agotarlo en sus cualidades. Un cargo puede ayudarnos a iniciar una conversación. La persona que tenemos delante siempre puede excederlo.
Eso me interesa de los side events. En el Global Mixer que organizamos desde Tellus con Pollar hubo música, brindis y karaoke. Pau Koh lo escribió así en su crónica: «Los ecosistemas fuertes no se construyen solo con buen código; también con confianza, y la confianza se arma compartiendo momentos como estos».

Había un micrófono compartido, además de proyectos que presentar. Cantar juntos podía ser una manera de conocernos que ninguna descripción de nuestro trabajo había previsto.
PaltaLabs reunió a la comunidad en The Layer in Between, de DeFindex y Soroswap, el miércoles 28. Los braindates ofrecieron otra forma de encontrarse: conversaciones individuales o en grupos pequeños alrededor de una pregunta elegida.
Una conversación puede empezar porque necesitamos algo y continuar porque nos interesa quien responde. Ahí cambia la atención. Ya no estamos escuchando solamente lo que esa persona podría aportar a nuestro proyecto.
Aunque sería demasiado fácil decir que durante la noche nos quitamos las máscaras y aparecemos como somos. En el §51 de Humano, demasiado humano, Nietzsche observa cómo un papel ejercido persistentemente puede volverse parte de quien lo interpreta.
También somos nuestro trabajo, nuestras ambiciones y aquello que intentamos aprender. Podemos ser builders y, al mismo tiempo, necesitar compañía, equivocarnos al hablar o querer pasar un rato sin demostrar nada.
Lo que aprendemos al estar juntos
Alex Hernández, de Stellar Academy, lo dijo durante la hackatón: lo valioso era «poder compartir con personas de otros lugares, con otras experiencias, otras culturas y así ampliar nuestra visión».
Esa ampliación puede ser incómoda. Entender una palabra y descubrir que la otra persona la usa de otro modo. Reconocer un problema familiar en un país del que sabíamos poco. Dar explicaciones y tener que revisarlas mientras hablamos.
Francisco Varela propone pensar el conocimiento desde la actividad de un cuerpo situado: percibir y actuar se condicionan mutuamente. La enacción invita a mirar cómo conocemos al participar en un mundo, con una historia y unas posibilidades concretas.
Podemos llevar esa pregunta a estos días. El cansancio de la hackatón también intervino en nuestra manera de escuchar. Cambiar de equipo, de conversación o de lugar podía cambiar lo que alcanzábamos a ver. La misma agenda no produjo necesariamente la misma semana.
Por eso me cuesta pensar los side events como un tiempo secundario. Descansar y jugar también pueden abrir una relación que una presentación cuidadosamente preparada no alcanzó a iniciar. Y está bien que algunas noches hayan sido solamente divertidas.
En El día de la marmota, Phil Connors repite una jornada sin conseguir salir de ella. Una de las lecturas que me interesa de esa película es la diferencia entre acumular información sobre alguien y aprender a tratarlo de otra manera.
Saber qué le gusta al otro puede servir para impresionarlo. Escucharlo también implica admitir que quizá nos equivocamos acerca de lo que quiere. La empatía necesita esa posibilidad de corrección: que la persona pueda sorprendernos y contradecir la imagen que ya nos habíamos formado.
Los chilenos compartimos parte del viaje, pero también nos separamos para trabajar o seguir nuestros propios intereses. No sé si eso exige un juicio. A veces estar juntos permite precisamente que cada uno encuentre algo distinto.
También hubo discusiones
Hablar de amor en una conferencia tecnológica puede sonar extraño. Estamos más acostumbrados a decir colaboración, incentivos o networking. Sin embargo, la palabra aparece cuando intentamos contar por qué nos importó alguien aunque no hayamos construido nada juntos.
En un ensayo con Pille Bunnell, Humberto Maturana entiende el amor como una forma de convivencia en la que el otro aparece como legítimo. Esa legitimidad permite mirarlo y dejarlo existir sin exigir que nos guste todo de él.
Durante estos días hubo amistad, cuidado y también ánimos de discusión. Podemos compartir un propósito y discrepar sobre cómo llevarlo adelante. Podemos alegrarnos por un ganador y seguir preguntándonos por una evaluación. Yo también participé en la competencia, mis preguntas vienen de ese lugar.
Poder pedir razones, escuchar una crítica y reconocer el trabajo ajeno son prácticas que una comunidad tiene que aprender. El agradecimiento por estar aquí puede convivir con ellas. Cuidarnos también exige tiempo de personas que tienen sus propios límites.
En Lisboa coincidimos personas con experiencia, principiantes y gente que empezaba de nuevo en un terreno distinto. Pedir ayuda puede costar cuando acabamos de presentarnos como quienes saben hacer algo. Que otro nos responda con paciencia también merece entrar en el balance.
Una semana que termina, una vida que sigue
En Ser y tiempo, Heidegger aborda la muerte como una posibilidad propia que nadie puede asumir por nosotros. Su pregunta por una existencia que se hace cargo de su finitud tiene una exigencia: hay elecciones sobre cómo vivir que tampoco podemos delegar.
Podemos pasar nuestros días respondiendo a lo que se espera de nosotros y dejar para después aquello que nos importa. Viajar no resuelve ese problema. A veces, encontrarnos fuera de la rutina nos da una ocasión para reconocerlo.
Durante el viaje, esa pregunta por cómo vivir toma la forma de alguien a quien queremos volver a ver. Loving, de Land of Talk, lo pregunta con pocas palabras: «life's not long why don't you live it». La fragilidad de la canción deja espacio para acercarnos sin saber qué ocurrirá.
Todavía no sabemos qué conversación volverá a nuestra memoria ni qué amistad seguirá creciendo. Ocean Waves, de Tomomi Mochizuki, me hace pensar en eso: una relación puede cambiar lo que recordamos de una temporada. Podemos dejarles ese tiempo a las nuestras.
Marcos Reyes se preguntó en Tellus qué queda después de una hackatón y cómo sostener la energía para que las colaboraciones continúen. Desde Lisboa quisiera añadir algo: una relación puede merecer continuidad aunque no termine convertida en un proyecto.
También queda la posibilidad de alegrarnos por lo que haga otra persona. La solidaridad de Camus en El hombre rebelde vincula esa vida compartida con una responsabilidad por los demás. Tiene consecuencias sobre cómo actuamos cuando queremos triunfar.
En nuestro caso, esa fraternidad puede empezar en algo pequeño: desear que al otro le vaya bien y querer participar de su alegría. Incluso cuando el premio, la oportunidad o el siguiente viaje sean para él.
Gracias a Stellar por reunirnos y a quienes sostuvieron cada encuentro. Gracias a Tellus por las diez becas anunciadas para esta semana. Detrás de un viaje así hay trabajo que no siempre vemos mientras estamos disfrutándolo.
Nuestra semana en Lisboa tendrá finales distintos. Ojalá que, cuando uno de estos nombres vuelva a aparecer en una pantalla, además de recordar su proyecto tengamos ganas de preguntarle cómo está.


