Kaream Badillo es de Chile, de la Región Metropolitana. «Soy una persona a la que le gusta aprender y tener nuevas experiencias de forma responsable y ética», dice.
Antes era ejecutiva de banco y a la vez administraba algunas inversiones personales. «Me movía el dinero como herramienta para ser libre y poder elegir qué hacer con mi tiempo».
Llegó a blockchain por Generación Vector 24, un programa del Centro de Innovación de la USACH donde se mencionó Web3. Lo primero que la enganchó fue saber que el dinero es programable y que Web3 es un sistema descentralizado, internacional y paralelo al tradicional.
El Futuro es Cooperativo
Se topó con Stellar al conocer Tellus, cuando era nueva en el ecosistema. Era un grupo creando ideas y tomando acción, y le quedó la frase de su polera: "El Futuro es Cooperativo".
Conoció a Bastián y Pau Koh. Y cuenta que la trataron bien, sin pedir nada a cambio.
Se integró al programa de embajadores. Por la comunidad se enteró de la Ideathon, organizada por Tellus. La convocatoria del Ideatón 2025 pedía ideas que conectaran Stellar con problemas reales; Kaream llevó la suya.

AhorroStellar
Presentó AhorroStellar: una app DeFi educativa donde estudiantes ahorran, apoyan proyectos universitarios con su stake y construyen reputación mientras aprenden DeFi de forma segura. Quería resolver el problema de querer invertir cuando se es joven y se tiene poco dinero, minimizando el riesgo y fomentando la comunidad.
«Ganar se sintió con más curiosidad que euforia: quería saber qué pasaba después», dice.
El click de builder le había dado el primer día que conoció Web3. Aunque ya había programado antes, ese día quiso retomarlo porque el espacio era descentralizado y podía crear más libremente. Cuando ganó la Ideathon se enfocó y se lo tomó más en serio.
Brasil, Argentina, Malta
«Viví mi primera experiencia internacional en Web3», dice. «Aprendí que tenía que ponerme las pilas en la programación para avanzar de forma más sólida. De vuelta me traje expansión de mente, motivación y una estrategia reconfigurada para avanzar».
Después vinieron una residencia en Argentina con Dev3pack, una comunidad internacional de mujeres tech, y una beca de Polkadot para hackear y entrar a su comunidad. A Dev3pack postuló tras ganar la Ideathon: evaluaron su perfil y apostaron por ella. Malta para el inglés, hoy Suiza y pronto Alemania.
«Me mueve seguir teniendo nuevas experiencias que me aporten, vivir mi vida y seguir aprendiendo», dice. La decisión más difícil fue y es sacrificar tiempo para ser productiva, por la curva de aprendizaje que trae la emigración y sumergirse más en la tecnología. Su máxima estoica, dice, es que la única derrota es la muerte.
En un año cambió todo junto: saber, hacer y gente.
Lo que pide el camino
«Tellus me dio una puerta de entrada a Web3 cuando no sabía nada, y una comunidad donde todos son bienvenidos respetuosamente», dice. Al ecosistema chileno, dice, le faltan más comunidades como Tellus: espacios donde ayuden y motiven a progresar sin querer controlar.
Esa es la puerta. Después nombra lo que falta.
«Y objetivamente faltan más mujeres. Yo ya estoy acostumbrada, pero ir preparada mentalmente para la incomodidad habitual del acoso y la denigración en entornos masculinos cuando una quiere integrarse de forma real y técnica, desincentiva a las que realmente quieren construir. En Tellus para nada fue el caso; fue un espacio muy seguro y de respeto real en todo momento».
Y pone el precio que pagó.
«Sacrifiqué mi trabajo estable y bien remunerado, junto con mi zona de confort, porque estaba aburrida y necesitaba nuevos desafíos», dice. «No dudé, siempre he preferido una vida más compleja, pero desafiante para mi crecimiento personal. Sé que estoy empezando de nuevo, que estoy en proceso, pero independiente del resultado sé que voy a vivir nuevas experiencias, y quiera o no, voy a aprender mucho, y eso es algo que realmente disfruto, ser mejor que ayer para dar lo mejor de mi».
Para quien lee esto en Chile, con ganas pero sin animarse, su mensaje es simple: «Es mejor intentarlo que no hacer nada. Lo más importante son las ganas y, si no las tienes, la comunidad te ayuda a encontrarlas». La puerta sigue abierta.

